Decir el silencio

 Por Martina Leunda

         ¿Cuánto naturalizamos aquello que heredamos, aquello que viene con nosotros como un combo, aquello que se nos da? ¿Qué podemos elegir y qué simplemente tenemos? ¿Cuánto nos acostumbramos a elegir solo lo que podemos tener? Cuando un libro, una película o una obra de teatro nos pregunta más de lo que nos responde, la tarea está hecha.

12983976_10209370151559366_5057710012591236822_o

Gentileza: La mujer cama

            Puede ser difícil determinar cuál es la función exacta del teatro, ya que ni siquiera existen claros límites entre lo que es y lo que no es teatro. La conmoción debe ser una de ellas, sino la principal. Sería absurdo decir que La Mujer Cama, obra escrita y dirigida por Diego Casado Rubio, se disfruta. La mujer cama se padece. Y esa es tal vez otra función. Padecer algo que está entre nosotros, que como sociedad repetimos, heredamos y trasmitimos neutralmente, como si los mandatos nos pasaran por el cuerpo y siguieran sin afectarnos. La mujer cama hace eso: afectarnos. Que lo que parece que no nos toca en la vorágine de la rutina, se nos manifieste en el cuerpo. Padecer aquello que asumimos ajeno.

           La trama deja de estar en un primer plano cuando lo que queda al salir del teatro, es

12983865_10209370149879324_7100607508372748242_o

Gentileza: La mujer cama

una sensación, el cuerpo activo percibiendo el padecimiento constante. Aunque la historia es de por sí atractiva y la desencadenante de dicha actividad corporal: una madre decide, un día, ese día, no levantarse de la cama. Nunca más. Por la fobia de tener los pies sobre la tierra. Se nos interpone entonces un deseo inabarcable de que eso solo sea una metáfora, una frase hecha. Pero no. Sin los pies sobre la tierra no estamos obligados a ver nada, no estamos obligados a ser testigos, y podemos someternos a la complicidad sin tocar el piso.

Cuando la única herencia es el silencio, La mujer cama dice. Dice y nada está librado al azar. Cada palabra, cada gesto, cada mirada, sonido, luz, todo está milimétricamente organizado con una función clarísima. Trasmitir el padecimiento. Trasmitir la desnaturalización y el impacto. Todo tiene que ser como es. Con ese elenco, que después de las tantas funciones, sabe encarnar esa “herencia de la herencia de la herencia de la herencia de la frustración” como ningunos tantos otros: María Rosa Frega, José Márquez, Leticia Torres, Eugenio “Chuke” Estela” y Lorena Viterbo están ahí porque es necesario. Como es necesario todo lo que está en El Estepario (Medrano 484) los domingos a las 18hs.

Un vaivén de sensaciones. Por momentos una expectación relajada, por momentos la tensión incontrolable de ser testigos del silencio. Todo está ahí desde que nos acomodamos en nuestras butacas. O antes.

La mujer cama está en El Estepario (Medrano 484)
Domingos 18hs

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s