“Me gustaría estar dentro de los peronistas lúcidos”

Entrevista a Juan Terranova

Juan Terranova parece tocar todos los temas, de a uno por vez o todos juntos. Su escritura emerge de la digestión de una curiosidad voraz. Su pluma es central en los debates sobre la relación entre la literatura -producción y consumo de textos- y las nuevas sociedades, en sus acercamientos, sus roces, sus alejamientos y sus fisuras. Está escribiendo en la sutura de un sociedad que no termina ce comprenderse, y La piel, su última novela, allí se ubica, con un nuevo lenguaje, opaco aún, capaz de captar la intimidad de las vidas expuestas a la vorágine del capitalismo actual. Además, su lectura del bajotaje del 22-N.

Por Federico Cano

La novela de ideas, a grandes rasgos, podría definirse como aquella en la que a partir de un argumento ficcional se estudia, se hipotetiza o se trabaja con y sobre un tema en particular. La construcción literaria se formula así como una herramienta de comprensión de lo real, con la actitud coyuntural y política que le corresponde.

Parece éste ser el caso de La piel, la última novela de prolífico Juan Terranova (Buenos Aires, 1975). Su tema: una reflexión sobre la cirugía plástica, la cirugía estética, la privatización de la salud, el narcisismo, el sexo, el trabajo, Internet, las modas, las formas de la biopolítica y el control social de los cuerpos. Escrita a modo de diario íntimo, la novela describe la vida de un personaje sin nombre que, tras perder su trabajo como periodista, y luego de un período de abulia e improductividad, comienza a trabajar en el área de prensa y comunicación de la Sociedad de Cirugía Estética de Buenos Aires. Por debajo ronronea constante el pulso libidinoso de una actividad sexual constante y con distintas mujeres.

La piel está escrita en primera persona. La caracterización literaria y cultural más general de este crítico, ensayista, poeta, novelista, periodista, docente, conferencista, y un largo etcétera, se apoya en la observación minuciosa de una época egoísta, de figuración constante en las redes sociales, de distanciamiento pero indeclinable fascinación con la maquinaria capitalista y su industria cultural: el brillo del oro capitalista no enceguece pero marca un rumbo de reflexión sobre el que se transita. Esta marca escrituraria e imaginativa quizás se encadene en un impulso mayor, el que podría englobar las recientes Cataratas de Hernán Vanoli o Las constelaciones oscuras de Pola Oloixarac, novelas de imaginación capitalista, que se figuran en una prosa que hace implosionar la estética tecnocrática asociada a los sistemas de circulación burocráticos para llenarse de vuelo literario y sintaxis ensayística.

Sin embargo opera en estos textos una contradicción: su crítica al capitalismo no le opone un sujeto histórico capaz de subvertirlo. “El pueblo”, episteme deíctica pero siempre universal, aparece borroneado, fuera de foco o directamente ausente, en una literatura que por estar tan sumergida en la entropía capitalista no logra ver su contracara, esto es, la figuración de un cambio social. Las tecnologías de la escritura, reflexión central en la obra heterodoxa de Terranova, son ordenamientos de un sistema histórico que siempre tiende al caos y la barbarie. Escribe Daniel Link en Suturas:

Vivimos la infancia de la época de la reproductibilidad digital (la infancia de una nueva humanidad, de una política que no tiene todavía vocabularios), una época que necesita de maestros y de alfabetizadores digitales, pero también de teóricos de la lectura, de una lectura que no podrá pensarse sino como experimentación. (…) Si los antiguos nombres (vida, comunismo, lenguaje) han perdido su sentido, no se tratará aquí de encontrar nuevos nombres, sino de seguir el trazo de esas pérdidas, de esos desmoronamientos, para interrogar el vacío que los constituye.

Es en la piel, por caso, donde se dibujan las suturas de este desgarramiento en la última novela de Terranova. Es allí donde gesticulan las máscaras de múltiples dimensiones, de un yo fracturado en partes que no terminan de desarrollarse, que toman iniciativa como se toma aire en un ahogo. Además, claro, La piel es un formidable ejercicio de lectura. Dos ejemplos: “Es un punto donde la ciudad letrada se cruza o se toca con la ciudad libidinal”, sexuando la famosa hipótesis del uruguayo Ángel Rama, o cuando comentando la fiebre de sorteos de cirugías estéticas se dice: “En el cuerpo central de la nota se afirmaba que la idea de sortear cirugías surgió  en las discos Amnesia de San Juan y Aqua de La Rioja, de ahí se pasó a Montecristo de Córdoba y finalmente llegó a Sunset, en Olivos. (Que el movimiento venga desde el interior, como una plaga, hace que se acentúe el elemento perverso del asunto. La barbarie, doctor)”, reactualizando el postulado entre sarmientino y estradiano.

La novela de Terranova no niega ni se rebela al sistema social que marca a un personaje que la mayoría de las veces simplemente se deja llevar, pero sí extrema esa sistema, lo muestra en sus pliegues más obstusos, casi absurdos, llevando al límite sus posibilidades dialectales, sus rutinas marcadas por el aburrimiento y la burocracia del vivir, proyectando así en la imaginación lectora sus más temibles consecuencias: cuerpos deformados, máscaras, explotación laboral y consentimiento… La novela se juega, aun siendo complaciente, en que uno de sus temas principales sea el trabajo. Empieza así:

Jueves. El jefe de personal me mandó llamar. Me dijo, con los ojos algo desorbitados, que la empresa estaba “reestructurando sus áreas” y que me iba a echar. Me mostró una copia del telegrama que ya habían enviado. Se lo veía mal. Estaba nervioso. Sentí un poco de lástima por él.

E inmediatamente: “Viernes. Es increíble. Realmente no tengo que ir a trabajar”. Entre los distintos recorridos que permite La piel, centrados en el tronco ensayístico sobre las transformaciones de los cuerpos en el mundo contemporáneo, una lectura casi obligada es la de la novela del trabajo, de su ausencia o de su presencia plena. Los desplazamientos por la ciudad que realiza el personaje de la mano de mujeres cambiantes marcan otra posibilidad lectora: la erótica, la pornográfica, repleta de un deseo desdibujado, que nunca llega a comprenderse, un deseo obturado por la anomia y la rutina.

Terranova escribió, entre otros, las novelas El caníbal, Los amigos soviéticos, Hiroshima y el vampiro argentino. Junto a otros, los libros de crítica y ensayo Los gauchos irónicos y Sexo, astrología y nazismo. Escribe en múltiples medios (las revistas Paco, Tónica, Hipercrítico, colabora en Crisis, y así…). Terranova parece tocar todos los temas, de a uno por vez o todos juntos, su escritura emerge de la digestión de una curiosidad voraz. Su pluma es central en los debates sobre la relación entre la literatura (en su sentido amplio: texto que circula) y las nuevas sociedades, en sus acercamientos, sus roces, sus alejamientos y sus fisuras. Está escribiendo, y La piel allí se ubica, con ese nuevo lenguaje, opaco aún, capaz de captar la intimidad de las vidas expuestas a la vorágine del capitalismo actual.

Gentileza: Juan Terranova

Gentileza: Juan Terranova

DÚ: Gran parte de tu obra está ubicada en el género ensayístico. ¿Es La piel una novela de ideas?

JT: Sí, es muy posible. Una novela de ideas antes que una novela de tesis. Creo que El caníbal, mi primera novela, que ya tiene más de diez años era una novela de tesis. La piel es más bien una novela de ideas. Puede ser.

¿Qué posibilidades -o límites- encontraste en la forma de diario íntimo para ubicar tus reflexiones?

Es una forma muy flexible. Tiene algo de mecano. Me permite escribir poco y decir mucho. Mi mayor influencia formal en La piel, al menos la más consciente, fue Facebook y Twitter.

En la novela se articulan diferentes temas y tópicos. Uno de ellos es el trabajo. ¿Qué función creés que cumple el trabajo en el ordenamiento de la vida del personaje?

El trabajo es algo me obsesiona. Así que tanto para el personaje como para mí ocupa el lugar de obsesión. Aunque creo que a él no se le nota.

¿Y el sexo, otro de los temas?

El sexo es un tema menor. Pero la pornografía, al menos hoy, es una tema mayor.

En tus artículos, críticas, ensayos, textos de ficción, se abarcan una multiplicidad de temas alimentados por un interés y una curiosidad voraces. ¿Cuál es tu método para establecer recortes? ¿Cómo llegaste a la piel?

Mi método es recortar mucho, ir desandando camino mientras escribo. Eso me mantiene ocupado y evita que me aburra. Ampliar la mirada al máximo y luego ir al grano, al núcleo, tratar de llegar a ese momento atómico, indivisible. A veces quedo exhausto y sé que jamás lo logro del todo. También leo mucho y subrayo mientras leo. Mi novela más dura en ese sentido fue El vampiro argentino. Se publicó en España y circuló un poco por Argentina. Ahí puse todo. Recuerdo que la corregía y terminaba agotado. Cuando la vi publicada pensé “no me hago el Wagner nunca más en mi vida”. Pero Wagner siempre vuelve, de una u otra manera.

El personaje recorre distintos puntos de Buenos Aires. ¿Cómo ves representados distintos lugares de Argentina en la literatura actual? ¿Comienzan a “federalizarse” los autores?

Creo que Internet y las redes sociales ayudan mucho. Pero para decir la verdad, a los únicos que les importa lo federal es a algunos porteños románticos. En ese sentido a veces me gustaría irme a alguna provincia, del sur, del norte, Chaco, La Pampa, transformarme en un laboratorio, poder palpar los bordes de un campo cultural y político más asible como un intelectual de provincias. Pero no creo que pueda, amo Buenos Aires con todo, como se ama a una madre indiferente y gorda, que te deja irte cuando te vas, y te recibe bien predispuesta cuando volvés, amo a Buenos Aires porque la confundo con la capital del Imperio Astrohúngaro, la confundo con Roma. Eso: amo Buenos Aires como otros amaron a Roma. Mi Roma privada, austera en historia, frágil, bella, sin súbditos, desprendida en la hilachas de la modernidad.

Como crítico, ¿qué te interesa, qué leés, de la crítica o ensayística en la actualidad?

Leo a Mavrakis, a Flavio Lo Presti, a Gonzalo Garcés, a Hernán Vanoli, a Mariano Canal, bueno, me gustan los que escriben en RevistaPaco.com, un medio que nos da mucha libertad a todos. Ellos son mi exoesqueleto crítico.

¿Ubicarías tu obra en general, y a La piel en particular, en alguna tradición, qué herencias reconocés en tu escritura?

Me gustaría estar dentro de los peronistas lúcidos.

A través de tus textos intervenís en la actualidad, en sus polémicas y sus roces. ¿Qué ve Juan Terranova en el balotaje?

El clima está irrespirable. Pero más allá de eso, que va a terminar en unos días, me parece que el kirchnerismo que termina en estos días nos dejó mucho y muy valioso. Lo que venga va a ser sí o sí diferente. Ojalá para mejor. Aunque la vara está puesta muy alto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s