Revisitar Cromañón

Entrevista con Mariela Galli y Martín Di Maggio

Cromáñón, 2004, 194 muertes. La tensión entre un quiebre social y la experiencia particular del sufrimiento recorre la muestra “Cromañón, diez años de intenso dolor”, creación conjunta entre las fotos de Martín Di Maggio y los textos de Mariela Galli. ¿Puede hacerse de una tragedia social un acto de belleza artística? Con decisión y sensibilidad valientes, Di Maggio y Galli resuelven una muestra de alta calidad estética como de compromiso histórico. En esta entrevista con Deúltima refrescan la memoria y reflexionan sobre el rol del arte en la lucha contra la impunidad.

Por Federico Cano

Por el rumor subterráneo que genera una muestra fotográfica, un grupo de amigos conversa en un bar en la provincia de Buenos Aires -quizás lo estén haciendo en algún otro lado- sobre la masacre de Cromañón, aquel trauma incendiario que se llevó puesta la vida de 194 pibes y pibas en un boliche de Once en el penúltimo día del año 2004. Uno recuerda unas vacaciones en las que el padre debió abandonar la playa para sumergirse en el embrollo de una redacción periodística; otro, el número en aumento de la cantidad de muertos a medida que transcurría la madrugada en un zócalo de Crónica; otro, un año nuevo silencioso, sin fuegos artificiales, oscuro, triste, amargo; otro dice haber estado dos días después en una movilización para pedir justicia; otro pasó con el auto por la esquina vallada del boliche y se persignó. Cromañón no es una foto, es un proceso.

Esta tensión entre un quiebre social y la experiencia particular del sufrimiento es la que recorre la muestra “Cromañón, diez años de intenso dolor”, creación conjunta entre las fotos de Martín Di Maggio y los textos de Mariela Galli. ¿Puede hacerse de una tragedia social un acto de belleza artística? Con decisión y sensibilidad valientes, Di Maggio y Galli resuelven una muestra de alta calidad estética como de compromiso histórico. El texto que abre el breve recorrido de diez fotos y un poema final dice: “Diez años después aún sigue el pedido de Justicia, un pedido que es un grito a diario, no un eco del pasado. El alma de este trabajo fotográfico tiene dos alas: la Memoria y la Esperanza. La memoria por las 194 víctimas de aquella noche inolvidable y la esperanza por una Justicia social para todos”. El pedido de justicia, esta premisa de la obra, que extiende su pliegue político, es certero: en la ciudad de Buenos Aires se había institucionalizado una verdadera “zona liberada” para el empresariado nocturno, con la protección de funcionarios y comisarios. La juventud pagó con centenares de vidas la podredumbre de un sistema político.

Sin cortar las alas del vuelo creativo -el poema final de Mariela, por ejemplo, poema que también es una carta desgarradora, ilumina la tragedia en Cromañón en diálogo con el género fantástico-, los autores ponen en escena los símbolos que las luchas han ido edificando: las zapatillas de lona chamuscadas, hirientes; el logo de Callejeros; el humo; rostros perdidos en el medio de la noche. Con un expresivo blanco y negro, las fotos de Martín van construyendo el relato posible de una memoria sobre la masacre. Como todo acto de memoria, es una construcción fina y audaz. La presencia de sombras en las imágenes son también una reflexión sobre la ausencia.

La causa judicial de Cromañón fue signada por la impunidad y el encubrimiento político. La liberación de los funcionarios de Aníbal Ibarra se cierra con el encabalgamiento político por parte del kirchnerismo del entonces Jefe de Gobierno porteño auspiciando su candidatura en las PASO de las elecciones en la ciudad. Mientras que Callejeros continúa en la polémica, los que entonces gobernaban han sido corridos de la mira de la justicia. Sin embargo, la reacción popular contra las mafias entre funcionarios y capitalistas de la noche obligó entonces la renuncia Ibarra.

Para enfrentar la crisis política y la lucha abierta aquel 30 de diciembre, el gobierno colocó a Jorge Terlerman, entonces genuino representante de la cámara de empresarios de boliches y hoy armador central de la candidatura presidencial de Daniel Scioli. Escribió el legislador Marcelo Ramal: “el régimen político había echado lastre frente a la intervención popular, pero sólo para preservar los intereses privatistas defendidos por ellos. Dos meses después, la jueza Crotto sobreseía a Ibarra sin siquiera citarlo a declarar, y preparaba el salvataje judicial que sucedió al revés político del intendente K”.

El actual gobierno del PRO no ha hecho más que reforzar la “zona liberada” en favor de los capitalistas del espectáculo y la cultura. Un caso: el derrumbe boliche Beara en 2010, que terminó con dos jóvenes muertos. El director de habilitaciones de entonces fue procesado, pero fue absuelto semanas después. La “Ciudad Cromañón”, la de los Ibarra o los Niembro, sigue vigente. Frente al robo de la cultura, las fotos y los textos de  Di Maggio y Galli colgaron en las paredes de ladrillo de Leon Leon, espacio independiente, con la organización del Frente de Artistas, donde se complementan distintas disciplinas, desde el teatro y la música hasta algún acalorado debate sindical, y que comienza a traccionar importantes discusiones sobre la relación entre el arte y la cultura. Entre las reflexiones que abre la muestra, también está la de la lucha contra la privatización de los bienes simbólicos que pertenecen al pueblo.

Como en la mesa de un grupo de amigos, “Cromañón”, esta memoria activa hecha belleza, habrá generado otros tantos pensamientos y posicionamientos, porque  jamás puede dejar de movilizarnos. Con ese compromiso, asumiendo esa responsabilidad, durante los días que la muestra se expuso, Martín y Mariela levantaron la voz contra la condena del olvido y la impunidad.

MARTIN

DÚ: ¿Cómo fue la experiencia de revisistar Cromañón mas de una década después?

Martín: La masacre de Cromañon en este trabajo está tratada desde un lugar emocional. Con una estética que se desprende del relato de sobrevivientes, lo que vieron aquella noche. Es un trabajo emocional, tiene que ver con las emociones nuestras sobre lo que creo que fue la masacre que marcó a tres o cuatro generaciones, por más que no hayan estado in situ. Lo que quiero decir con esto es que de alguna manera con Cromañón murió buena parte de la cultura under. El under, para mí, es el único lugar desde donde los artistas pueden expresar sus emociones y pensamientos más sinceros, ya que no tienen que cumplir con ningún interés capital ni con ninguna línea editorial o lo que fuere. En la actualidad pienso que el under es tibio. Hay lugares culturales muy interesantes con la libertad que significa, pero están muy dispersos y no hay un circuito armado aun. Tenemos que favorecer a crear un circuito de expresión cultural libre y de calidad.

Mariela: En mi caso, Cromañón estuvo muy presente durante estos casi 11 años. Esa noche estaba llegando al recital cuando se desato la tragedia. Varios de mis amigos habían ido al recital y lamentablemente falleció uno. Fue tremendo. Yo tenia 16 años y no podía creer lo que estaba viviendo ahí. La perdida de mi amigo fue y es mi motor en la búsqueda de justicia. Nuestra juventud fue víctima de una corrupción que sigue vigente. Por eso Cromañón es tan actual. Y eso es lo que me lleva a continuar esta lucha, para que Cromañon no se olvide y tampoco vuelva a ocurrir semejante tragedia.

DÚ: En la muestra dialogan las imágenes con los textos. ¿Qué posibilidades, pero también que complicaciones, surgieron al trabajar con dos registros y en conjunto?

Martin: En realidad no hubo complicación alguna. Con Mariela, mi compañera, debatimos mucho y Cromañón es uno de los temas que más hablamos, ya que ella fue víctima también de esta tragedia y le pega de lleno. Por mi parte, no estuve en Cromañón aquella noche pero me afecta como un hecho generacional. De ahí el interés de contar de otra manera esta historia de una forma más emocional y a modo de homenaje. Mariela sin duda ha sido un motor indispensable para que yo pueda llevar a cabo cada una de estas fotografías y fue una experiencia grandiosa haber podido trabajar junto a ella, ya que el enriquecimiento de la poesía con la fotografía es fabuloso porque la poesía trabaja con imágenes dentro de la literatura y la fotografía, como yo la entiendo, o como la intento trasmitir, trabaja con la literatura.

Mariela: Hacer este trabajo con Martín fue muy enriquecedor. No hubo complicaciones y lo que sí hubo fue descubrimientos. La verdad que el trabajo lo hicimos con el corazón. Cromañón nos duele y a veces la búsqueda de justicia se vuelve frustrante, Pero a nuestros veintipico de años no podemos bajar los brazos y perder la esperanza. Y combinar las fotos con la poesía fue complementarnos nosotros también y expresarnos de la forma más sincera que tenemos, Martin con las fotos y yo con la poesía.

DÚ: Al comienzo se aclara que la obra es sostenida por la memoria y la esperanza. Ya terminada la muestra, ¿se mantienen estos sentimientos?

Martin: SÍ, definitivamente.

Mariela: ¡Sí! La memoria siempre va a estar, porque hay muchos seres queridos de los fallecidos que los mantenemos vivos en la memoria todos los días. Y la esperanza, dicen, es lo último que se pierde.

DÚ: Otro elemento central es la búsqueda de justicia. ¿Qué rol creen que cumplen las expresiones artísticas en esta lucha?

Martín: El arte es un modo de expresión en el cual las personas transmiten sus más sinceras emociones y opiniones. La justicia, más precisamente el Poder Judicial, es exactamente lo contrario al arte, ya que es oscuro, tendencioso, parcial y aristocrático, El arte hecha luz sobre la mentira de la justicia.

Mariela: El rol del arte es fundamental porque a través de las expresiones artísticas uno se identifica con ideas y sentimientos que tal vez no supo expresar pero que encuentra en la voz de otro. Ayudan a que uno conozca y tome conciencia sobre lo que le pasa a la gente. Y además, el arte cura.

DÚ: ¿Qué balance sacan de la muestra?

Martín: Hago un balance positivo, favoreció al debate, refrescó la memoria y hubo mucha intercomunicación de los espectadores con nosotros.

Mariela: El balance es muy positivo, se dio lugar a charlas sobre el tema, se nos acercaron personas que no tenían conocimiento sobre Cromañón. Y estoy muy agradecida y emocionada con el hecho de que en el Centro Cultural Leon Leon nos hayan dado el espacio para poder compartir nuestro homenaje.

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